25 de noviembre en las bibliotecas

25 de noviembre en las bibliotecas

El 25 es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La ONU eligió el 25 de noviembre, puesto que tal día de 1960 fueron asesinadas la hermanas Mirabal. Patria, Minerva y María Teresa murieron a manos de partidarios del general Trujillo, y su asesinato marcaría el final de la dictadura en la República Dominicana.

“La violencia contra mujeres y niñas es una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo actual”
ONU

La violencia contra las mujeres ha tenido su reflejo en la literatura. Son innumerables las obras clásicas en las que se observa el maltrato a la mujer como algo natural («Cantar de mio Cid» ca. 1200; «Otelo» de Shakespeare, ca. 1609; «Pamela, o la virtud recompensada» de Samuel Richardson de 1740; «Casa de muñecas» de Ibsen, 1879, etc.). Actualmente, las novelas en las que se relata todo tipo de actos atroces, la violencia contra las mujeres es cuestionada («El cuento de la criada» de Margaret Atwood, 1985; «Algún amor que no mate» de Dulce Chacón, 1996; «La segunda mujer» de Luisa Castro, 2006; «Atrapada en el espejo» de Gemma Lienas, 2007; «Una entre muchas» de Una, 2016).

La utilización de pseudónimos o iniciales para ocultar la identidad ha sido frecuente a lo largo de la historia.

Sin embargo, no hace falta ir a algo evidente como la violencia física para apreciar el maltrato. Hay otros aspectos más sutiles que también evidencian la situación de desigualdad: el humor sexista, el lenguaje, el control de la pareja, la publicidad, la invisibilización y la anulación. Estos últimos términos son interesantes desde el punto de vista literario, puesto que muchas autoras los han sufrido directamente. A lo largo de la historia han sido muchas las que para poder publicar, han firmado sus obras bajo pseudónimo masculino (Amantine Aurore Dupin, conocida como George Sand; Matilde Cherner, como Rafael Luna; Mary Anne Evans era George Eliot; Cecilia Böhl de Faber escribió como Fernán Caballero; Caterina Albert era Víctor Catalá) o con iniciales (P.L. Travers, Pamela Lyndon Travers -seudónimo a su vez de Helen Lyndon Goff; Louisa May Alcott firmaba como A. M. Barnard; J.K. Rowling, que además, también publicó como Robert Galbraith). Otras firmaban directamente con el nombre de su marido (María Lejárraga como Gregorio Martínez Sierra) o su obra quedaba eclipsada por la de él (Zelda Fitzgerald; María Teresa León).

Igualmente, esta invisibilización, tiene su reflejo, incluso hoy en día, en la presencia de mujeres en las academias oficiales (RAE: 11 mujeres académicas; Euskaltzaindia: la primera mujer entró como académica de número en el 1992, Miren Azkarate), en la Biblioteca Nacional (5 directoras en 309 años) y como consecuencia, también en los premios que se reciben (Premio Cervantes: 5 mujeres; Premio Nobel de Literatura: 16; Euskadi de Literatura: 19).

Gertrudis Gómez de Avellaneda fue la primera mujer que intentó entrar en la RAE, sin embargo, su candidatura fue rechazada.

A Emilia Pardo Bazán le fue denegada en tres ocasiones su entrada en la Academia.

A pesar de los avances, es necesaria una revisión sobre la presencia de la mujer en la literatura, el tipo de personajes que se recrean, el número de autoras publicadas y el equilibrio en el número de mujeres premiadas. Afortunadamente, en los últimos años, esta reflexión ha llegado, ahora solo falta que se refleje en la realidad.

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